@ellibelaresc

Veo la que llaman salto de la reja del Rocío en la madrugada del 5 de junio  y se produce en mí una convulsión extremadamente contradictoria. Por un lado quiero escribir y gritar por la barbarie fanática; y por otro casi se me ´trabucan´ las palabras por la indignación de lo que veo.

Adultos a palo limpio por pasear un muñeco, niños aterrorizados y desgañitándose mientras los zarandean por los aires para recibir bendiciones; devotos que no saben explicar lo que sienten, pero que lo sienten mucho; agradecimientos, llantos, desmayos. Y fe. Fe a raudales.

Seré muy breve. Que sí, que ya sé que es fruto del condicionamiento cultural y de las tradiciones, del adoctrinamiento; de la incapacidad para priorizar la racionalidad sobre los dogmas; que no siempre hay una carga confesional (aunque sí religiosa), y que cada cual hace con su vida y sus ideas lo que le da la gana. Pero por su Dios, aunque nos pidan respeto por sus costumbres y sus pulsiones y fervores, que no nos pidan que no sintamos una mezcla de risa, vergüenza ajena y abatimiento cuando asistimos a estos espectáculos tan bochornosos en pleno siglo XXI.

Que no nos pidan imposibles. Porque creer en imposibles, y más que eso, llevar a cabo imposibles, es cosa de dioses, santos y magos, y a los que no nos han presentado a ninguno se nos hace un poco cuesta arriba ser tan crédulos. Y que tampoco nos pidan que nos callemos, porque callar por no herir sus sentimientos hiere los de los que no comulgamos con las supercherías.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LUCES Y SOMBRAS DEL PRESIDENTE RAJOY.

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