@ellibelaresc

Es difícil de entender qué ven o pueden ver los partidos PP, C´s y PSOE (este con el corazón) en la Monarquía como representación de todos los españoles bajo la figura de jefatura del Estado. Estos neoliberales le tienen pánico a la III República, a la Memoria Histórica y lo que es más importante: a que el pueblo decida, que ensanchemos la democracia y pongamos fin a la monarquía impuesta por el dictador en la persona de Juan Carlos I, sustituido por la herencia de sangre por su hijo Felipe VI, todo un atentado contra la razón humana que nos retrotrae al feudalismo y vasallaje más rancio de nuestra historia. Recuperar para España la dignidad y la decencia. La que los fascistas nos arrebataron, la del pueblo, la que se construye día a día con el esfuerzo y el trabajo; la que representa simbólicamente el triunfo popular, la independencia de poderes ajenos, la soberanía plena sobre nuestro destino como pueblo y los límites de nuestros sueños, la República, la que solo puede construirse sobre la derrota de la impunidad franquista que es la base de todo el tinglado actual. La República es un objetivo de convivencia irrenunciable.

Es éticamente una necesidad recuperar el espíritu republicano no desde la nostalgia o los símbolos, sino ´como una caja de herramientas para pensar un país mejor, con instituciones libres de la trama corrupta, que se ocupen de la gente´, defiende Pablo Iglesias. Ser republicano no es solo querer cambiar una bandera por otra o un Jefe del Estado por otro, que sí ; es, sobre todo, una búsqueda del bien común, de la igualdad, de la fraternidad (aunque suene a idealista), de la libertad (de expresión, de culto, de sindicación y de todo aquello que no perjudique a los otros), del laicismo, de la prevalencia de lo público sobre lo privado, de tribunales independientes, política exterior de paz, progreso, desarrollo sostenible, defensa del mundo rural, derechos sociales y federales y transparencia.

Es imprescindible la República, incuso si estuviera en manos de la derecha, que en caso de corromperse podría ser desahuciada. Fundamental es poder elegir. Con nuestra democracia procedimental, no real, imposible. Tengamos en cuenta el dato de la Transición: en España no hubo ruptura, no tuvimos nuestra Revolución de los claveles y todo resultó ser una Transición controlada por las fuerzas vivas del régimen, con la aquiescencia del franquismo, el PSOE, el PCE (habría que discutir si fue una cobardía o una responsabilidad) y otras fuerzas nacionalistas. Necesitamos votar si queremos la Monarquía. Que no nos quieran convencer que ya la votamos en el Referéndum del 78. No es cierto, la metieron en tercer plano, casi en letra pequeña, para que colara y no nos enteráramos. Los españoles no votamos Monarquía sí o no. Por tanto no la legitimamos. Los españoles votamos el texto constitucional, no el modelo de Estado. O monarquía o no había Constitución. Se aceptó la voluntad de Franco en la Jefatura del Estado, no se puso en cuestión su testamento. Por eso ha llegado el momento en que los españoles ejerzamos el derecho de elección de modelo de Estado que queremos, que se nos hurtó en pos de la paz de los muertos que siguen en las cunetas.

Poco podemos esperar de los partidos tradicionales. Podemos está tibio (seguro que por motivos electorales), solo IU se lanza al vacío. Frente a esta situación los republicanos  debemos agruparnos. Forzar una alianza por la ruptura y eso solo se logra políticamente luchando en todos los frentes posibles. El principal problema que encontraremos en esta lucha es la falta de visibilidad pública en los medios de comunicación al servicio del Sistema. Por eso ante la III República hay que estar con Azaña cuando se definió a sí mismo frente a la monarquía como ´demócrata intransigente y radical´. El debate ahora debe ser ¿qué sentido tiene la monarquía 42 años después de la muerte del dictador que la impuso? Y si no es conveniente cambiar algunas cosas de la Constitución de 1978 que pudieron servir para una Transición, pero que hoy son un obstáculo para una democracia plena.

Recurro a la columna de Luis García Montero en Infolibre en la que comenta que las palabras intransigente y radical de Azaña dan miedo, pero quizá deba dar más miedo la palabra tolerancia si nos atenemos a la realidad de la vida pública española: tolerancia con la corrupción, con el poder económico e ideológico de la Iglesia Católica, con la judicialización de la política, con la politización de la justicia, con los ataques a la libertad de expresión, con el desmantelamiento de los derechos laborales, con la desigualdad y el simulacro de la igualdad de género, con el deterioro de la información, con el traslado de los paradigmas de la telebasura y los bajos instintos a los debates públicos, con los privilegios estatales para las grandes empresas, con la fiscalidad clasista, con la manipulación de las fuerzas de seguridad del Estado, con la violación de los derechos humanos…[…].

En la gacetilla de mañana hablaremos de LOS DATOS CONFIRMAN QUE LA IC VA A MENOS.

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