@ellibelaresc

El miércoles 28 de junio se celebraba en el Congreso el acto conmemorativo del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas. El acto nos va a dar pie a algunos comentarios en la web. De momento los juancarlistas se sienten indignados porque el rey emérito no ha sido invitado al evento: ´Ha sido un acto de cobardía y miedo´. Algunas crónicas sostienen que el emérito no ha acudido a la sede de la soberanía nacional porque la Casa del Rey no lo ha considerado oportuno (algo se dice de Letizia). Se han aducido desde Zarzuela razones protocolarias en virtud de las cuales resultaba difícil encontrarle un acomodo en el Hemiciclo en el que el lugar más destacado debía estar reservado para su hijo Felipe. El monarca emérito no acaba de entenderlo y está muy ´dolido´  y enfurecido y le resulta difícil asumir, tal y como ha trasladado a sus más próximos, que ´quien condujo el camión de la Transición´ haya sido excluido del homenaje a los que la protagonizaron. ´Él, que pilotó los tiempos difíciles, era el único que faltaba (´Hasta los nietos de la Pasionaria fueron invitados´). La realidad es que nos sobra uno y ahora quieren ponernos dos. Bicefalia monárquica, bicefalia PP-PSPE. Más coherente, imposible.

Luego el responsable del desaguisado es la Casa Real. Parece que sí. Explican que desde la abdicación y la proclamación de Felipe,  Juan Carlos ´ha dejado todo el protagonismo a quien ahora mismo en la máxima representación del Estado´. Ya en la proclamación del actual monarca el rey emérito no estuvo presente en el acto de las Cortes. Añaden que no hay precedente de dos reyes en un acto solemne en el hemiciclo del Congreso y que en un escenario como ese y dado el protocolo, rey solamente hay uno. Culpables también los españoles  por permitir más reyes que una baraja de naipes.

Sin ánimo de ser desagradecidos, va siendo hora de decir que a nuestra campechana majestad no se le debe nada y que si algo se le debía se le ha pagado con creces e intereses de demora. Tanto se ha alabado su papel en el tránsito del país a la democracia que se suele pasar por alto, no ya que fuera ungido por el dictador, sino que no tenía otra alternativa, salvo que se entendiera que en el último tercio del siglo XX aún era posible en Europa resucitar una monarquía absoluta, nombrar como valido a un conde duque y pasar los días esnifando rape y jugando a la gallinita ciega en los jardines de palacio.

Con el rey emérito se ha sido tan generoso o tan hipócrita que se ha apuntado en el activo de su reinado su contribución al fracaso de la intentona golpista, cuando posiblemente la propició con sus conspiraciones de salón para hacer caer a Adolfo Suárez y sustituirlo por un gobierno de concentración. Alguna responsabilidad debía tener el jefe de las Fuerzas Armadas por no enterarse de lo que preparaba un sector del Ejército, que estaba convencido además de contar con sus bendiciones.

Protegido por un velo de impunidad que ha tardado en caer, a nuestro indignado faraón se le ha perdonado todo, desde sus correrías con coristas y corinnas a sus negocios privados, desde ausentarse del país sin dar cuenta de su paradero a crear conflictos diplomáticos mandando callar a presidentes de otros países. Su financiación ha sido tan parecida a la del PP que ha llevado al banquillo o a la cárcel a sus tesoreros oficiosos, desde Prado y Colón de Carvajal hasta Mario Conde, pasando por el inefable Javier de la Rosa. Es indudable que desde los tiempos de Estoril, cuando su familia vivía de la espléndida caridad de algunos monárquicos, el restaurado ha amasado un capitalito cuyo número exacto de ceros se desconoce.

Los favores continuaron tras la abdicación, situación a la que le condujo única y exclusivamente su mala cabeza y los furores propios de su apellido. Si accedió a ceder la corona no fue desde luego por desprendimiento ya que en su ánimo estaba ceñirla hasta el pudridero sino porque la situación se había tornado insostenible y peligraba el propio futuro de la institución, algunos de cuyos miembros se sentaban el banquillo por hacer lo que veían en casa. Aprisa y corriendo y aprovechando una ley orgánica en trámite sobre los permisos laborales de jueces y fiscales, se le blindó con un aforamiento insólito que le evitaba los lodos de sus viejos polvos, especialmente de unas demandas de paternidad que circulaban por los juzgados, y le despejaba el camino a nuevos desmelenes.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PASIÓN JUANCARLISTA.

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