@ellibelaresc

´Somos´ muchos los que hemos lamentado la ausencia del Borbón emérito en los actos conmemorativos del 40 aniversario de las elecciones democráticas. Este Liberal quería escribir una especie de defensa, de halago, de gratitud por esa conducción serena y desinteresada que Juan Carlos hizo de la Transición. Buscaba fuentes informativas y me he encontrado con este Juan Carlos: “Sí, desde luego”, de Raúl del Pozo, escrito con pasión y fe ciega en el que fue rey de los españoles. ¿De todos? Vosotros juzgaréis.

Le he enviado al Rey Emérito la siguiente pregunta: “¿No cree Su Majestad que no invitarle a la conmemoración de la Democracia es como no invitar a Napoleón a la conmemoración de la batalla de Austerlitz?”. Respuesta lacónica: “Sí, desde luego”. El protocolo lo ha borrado de la Historia y él está enfurecido, aunque no lo haya expresado por discreción y sentido del deber.

Su ausencia ha sido una real presencia en el recuerdo de los que construyeron una Monarquía constitucional y la Democracia. “Ha sido un acto de cobardía y de miedo”, comenta un amigo de Juan Carlos. En el régimen parlamentario, la Monarquía no está teñida de divinidad, pero conserva y condensa el pasado y el futuro. Aquí, ayer se negó por falta de grandeza el reinado de un demócrata, con un cuerpo mortal lleno de pasiones, pero querido por la mayoría del pueblo.

Fue el vértice del consenso entre las dos Españas para restaurar las libertades y las elecciones libres. Ni tuvo corte ni camarilla ni se rodeó de caqui o de sotanas ni hizo trampas en el tiro de pichón como su abuelito ni pisoteó la Constitución como algunos de sus antepasados y antepasadas, que gachoneaban con los ojos, ni fue uno de aquellos monarcas antidemócratas que hicieron decir a los escritores de la Corte de los Milagros: “Si quieres rey, no pidas libertad”. Éste fue el Monarca de la libertad y abdicó por hablarle a una rubia y matar un elefante.

Últimamente, el Parlamento es un parque de atracciones. Los líderes atormentados con sus obsesiones narcisistas y su ego de rinoceronte montan cada día algún número. Confunden la política con las obsesiones ideológicas. Podemos, con el apoyo del PSOE, que gobernó con el régimen del 78, quiere derribar la memoria de la Transición; ayer organizó el homenaje a la Memoria Histórica en el Congreso. Creen que la Transición fue una correlación de debilidades, han puesto en marcha la Segunda Transición y quizás la República. Están en su derecho. Pero no han sido estos partidos de la izquierda republicana los que han querido borrar la imagen de Juan Carlos del recuerdo histórico.

La presidenta del Congreso intentó invitar al Rey Emérito y la Zarzuela lo impidió. Para no quitar protagonismo a Felipe VI y porque sería raro que hubiera dos reyes en un acto del Congreso, como ocurre en el Vaticano con los dos papas cuando se pisan los vuelos de la sotana blanca. Muchos se preguntaban ayer cómo ha consentido el Congreso de los Diputados que no se invitara al Rey Juan Carlos I a una celebración de la libertad, que tanto le debe. Fue el Mandela de la Democracia, el icono global de la Transición.

Fernando de Páramo, de Ciudadanos, me dice que a ellos nadie les ha consultado. Margarita Robles responde: “Pues sí, supongo que se habrá consensuado con la Casa Real”. “Quizás es que no sabían dónde ponerlo”, comenta irónicamente un alto funcionario del Estado. Antonio García Ferreras insinúa: “Tendría que haber venido aquí, a Al rojo vivo”.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ANTONIO MACHADO, MARTÍN VILLA Y FELIPE VI.

Anuncios