@ellibelaresc

De muchos es conocido, también por la Naciones Unidas, que España ni investiga ni permite investigar la desaparición de más de cien mil personas durante el régimen franquista. A las víctimas se les siguen negando sus derechos. Por eso sorprende una barbaridad que el rey, en un acto solemne en las Cortes, iguale a franquistas con sus víctimas.

Desgraciadamente en este país ya es una costumbre inveterada que las autoridades homenajeen a personalidades con un pasado franquista mientras niegan reconocimiento, verdad, justicia y reparación a las víctimas. La medalla que el exministro de la dictadura Rodolfo Martín Villa ha recibido en el Congreso es un ejemplo. Semejante gesto, una gota más en el enorme magma de la impunidad que reina en este país, contrasta con la desprotección e invisibilidad que sufren las víctimas.

Pretender presentar los crímenes de lesa humanidad del franquismo como simples bajas en el frente de batalla es ignorar que en cientos de pueblos y ciudades los golpistas, casa por casa, arrestaron, tirotearon e hicieron desaparecer a gente cuyo único ´delito´ era ser republicano. La represión fue endémica y sobrepasó la muerte de Franco con la matanza de Vitoria, en marzo de 1976, en la que la policía disparó con fuego real y pelotas de goma a trabajadores en huelga reunidos en asamblea. Murieron cinco personas y 150 resultaron heridas de bala. El ministro de Relaciones Sindicales en aquella época era Rodolfo Martín Villa, a quien la justicia argentina ordenó detener en 2014 precisamente por los hechos de Vitoria. Como recuerda la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, Martín Villa también fue ministro de Gobernación cuando se ordenó la quema de miles de documentos para borrar los crímenes del franquismo. Y es el mismo a quien los reyes entregan ahora una medalla por su papel en la Transición española y en las elecciones constituyentes de 1977.

Felipe VI nunca ha reconocido o defendido justicia, verdad y reparación para las familias de las víctimas que a día de hoy siguen buscando los restos de sus padres, abuelos o hermanos. A pesar de las innumerables pruebas de los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, el rey continúa sin mencionarlos y tergiversa estos versos de Machado: Ya hay un español que quiere/vivir y a vivir empieza,/entre una España que muere/y otra España que bosteza./ Españolito que vienes/al mundo, te guarde Dios./Una de las dos Españas/ha de helarte el corazón, y habla de ´las dos Españas que helaban el corazón de Antonio Machado´. Felipe retuerce y manipula las palabras del poeta y nuestra memoria, y evita mencionar el nombre de Franco, las atrocidades de la dictadura, el sufrimiento de las víctimas, la impunidad de los crímenes del franquismo y el elevado número de desaparecidos.

Felipe VI  también afirmó en su discurso que ´la falta de reconocimiento y de respeto dividieron a los españoles´, como si no hubiera habido un responsable claro del golpe de Estado y de la persecución sistemática. También dijo que desde 1812 las sucesivas constituciones no fueron capaces de ´proporcionar ni garantizar la estabilidad política, el progreso social y económico ni la convivencia en paz y libertad´, como si el gobierno republicano no hubiera dejado más remedio a Franco que sublevarse ante su imposibilidad de garantizar la convivencia en paz y libertad.

El discurso en las Cortes de Felipe de Borbón es el último signo de desprecio a los que lucharon por la libertad durante la Guerra Civil y la Dictadura. ´Nuestro´ monarca, como antes lo hizo su padre, volvió a vendernos la Transición como ese marco político celestial de reencuentro y reconciliación de ´las dos Españas´, cuando no fue más que la claudicación de una de esas Españas frente a la otra. El discurso fue, además de una crónica totalmente sesgada e interesada de nuestro pasado, un insulto a las miles de almas enterradas en las cunetas y a las miles de familias que no sienten que en España haya habido reconciliación alguna, porque no puede haber reconciliación sin la recuperación de la memoria y de la justicia, y está claro que eso no se consigue con discursos como los de su majestad y mucho menos dando medallitas a tipos como Martin Villa.

Aquí no ha cambiado nada. Los hijos de los perdedores seguimos viendo cómo Franco sigue riéndose de nosotros desde un mausoleo construido con sangre de los vencidos, con la sangre de nuestros padres. Los herederos de los perdedores seguimos viendo cómo se les da homenajes con dinero público a los asesinos de nuestros familiares o cómo en un entierro al que asiste un ex ministro del PP tenemos que soportar a cuatro camisas azules cantando el ´Cara el Sol´. Los hijos de los vencidos todavía tenemos que pasear por nuestro pueblo y seguir viendo los nombres de los verdugos en los rótulos de las calles. ¿Es eso reconciliación? Aquí lo único que ha habido en cuarenta años ha sido claudicación. Y siempre por parte de los mismos.

En la gacetilla de mañana hablaremos de UNA MÁS SOBRE EL BORBÓN EMÉRITO.

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