@ellibelaresc

  1. España es peculiar en casi todo lo que tenga que ver con la democracia. Tan peculiar que formalmente no se puede afirmar que nuestro sistema sea democrático. En todo caso se puede hablar de una oligarquía partidocrática o de una cleptocracia, sin separación efectiva de poderes, sin cauces de participación vinculantes amén del sufragio electoral, sin prescripción de secretos oficiales, sin verdadera libertad de expresión y precaria en el resto de derechos civiles. Algo que si consigue perpetuarse es en parte por la ausencia de pluralidad formativa e informativa promovida por el gobierno del PP.
  2. En la calle Génova tienen ahora mismo un gran problema, y es que su forma de defenderse los acusa. Están nerviosos y amenazan con acudir a los tribunales para meterle un palo en la rueda a la comisión parlamentaria sobre su presunta financiación ilegal, donde la oposición prepara, como es lógico, preguntas que ellos califican de ´inquisitoriales´. Después piden, con la complicidad de Ciudadanos y su ilusionista en jefe, cuya magia consiste en esconder cuervos en la chistera y hacer desaparecer cadáveres de los armarios, que la causa tenga como punto de partida el año 2004, cuando Rajoy accedió a la presidencia del partido, con lo cual el presidente escurre el bulto y si se demuestra alguna irregularidad en el pasado, ya habrá prescrito. Y por si eso no cuela, también piden lo contrario, que en el fondo es lo mismo: que la investigación ´se limite a la presente legislatura´ porque según su interpretación del reglamento el Congreso no puede ir más allá en sus investigaciones. O dicho en plata, que todo lo que se ha hurtado durante tantos años quede en el olvido. También se agarran al clavo ardiendo de que hasta 2015 la financiación ilegal no estaba tipificada. No parece que nada de eso se ajuste gran cosa a las promesas de transparencia que hicieron en la última campaña, cuando la camisa empezó a no llegarles al cuerpo.
  3. El PP, con su Gürtel, su Púnica, su Taula, sus casi mil imputados o su legión de corruptos con mando en plaza, está al borde de un abismo y está solo, es una isla rodeada de jueces y banquillos por todas partes. Su intento de meter en nómina y ponerle una correa a magistrados y fiscales bordea peligrosamente el golpe de Estado. La próxima declaración en calidad de testigo de Mariano Rajoy en la Audiencia Nacional no parece que vaya a ser irrelevante. Tiene demasiados asuntos oscuros que explicar como para que pueda salirse por la tangente, una suerte de la geometría moral en la que es un consumado especialista. La corrupción ha sido su granero. Y ya se sabe que donde hay semillas, van los pájaros, algunos de mal agüero. La suerte está echada.
  4. La llamada Ley Mordaza, que entró en vigor el 1 de julio de 2015, supone –y así ha sido denunciado por varias organizaciones internacionales de Derechos Humanos, entre ellas Amnistía Internacional– convertir en delito algunas libertades fundamentales, como las de expresión, información o manifestación. Sin embargo, lo más perverso de dicha legislación se encuentra en las multas. El castigo al ejercicio de dichas libertades se aplica directamente por la policía, sin pasar por los juzgados, y depende del arbitrio de los agentes. Las multas que conlleva incluyen, entre otras: de 30 000 a 600 000 euros por manifestarse junto al Congreso o al Senado, por fotografiar policías –con lo que ello supone de merma de pruebas en los casos de abusos– o por el ejercicio de resistencia pacífica y ´sentadas´. Con multas de entre 600 y 30 000 euros se castiga lo que un agente considere ´desobediencia o resistencia a la autoridad´, perturbación de la paz ciudadana y desórdenes en la calle. El hecho de usar la multa económica como castigo, en lugar de la denuncia ante un juez, requiere haber empobrecido antes a la población, y por lo tanto usar su falta de medios como elemento disuasorio en caso de plantearse llevar a cabo una protesta.
  5. Ocurrió en Cardiff pero no sobra que lo recordemos. Unos minutos antes de que comenzase la final de la Champions apareció en pantalla un Mariano Rajoy sonriente, feliz, pletórico. Y eso que aún no conocía el resultado del partido. Un rostro inédito el del presidente del Gobierno, absolutamente radiante, sobre todo si tenemos en cuenta que tenía a escasos centímetros de la boca un micrófono. Sí, como lo oyes, Mariano Rajoy estaba respondiendo a las preguntas de un periodista sin mostrarse atemorizado, estupefacto, huidizo o grosero. Ni una duda, ni un tic. Estaba cómodo ante la prensa. Era un tipo diferente al irresponsable escapista que sufrimos cada día los ciudadanos que pagamos su sueldo, que nos quedamos sin saber qué piensa sobre determinados problemas. Un presidente que alega falta de tiempo para declarar por videoconferencia en el juicio del caso Gürtel y, sin embargo, se va hasta Cardiff para ver a su equipo jugar contra la Juve. El Mariano Rajoy de la Champions era un hombre liberado de una gran carga, sin nada que ocultar, educado con los medios de comunicación, responsable con los votantes, satisfecho por su responsabilidad en esos momentos: disfrutar del fútbol.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL ESPÍRITU DE ÉRMUA.

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