@ellibelaresc

El cardenal Pell, responsable de Finanzas del Vaticano, ha sido acusado de múltiples abusos sexuales contra niños en Australia. Como es normal  monseñor ha negado ´vigorosamente´ todas las acusaciones de abusos sexuales cometidos en el pasado y ha viajado a su país para, a partir de hoy y en juicio, limpiar su nombre. Ante este caso ´el Vaticano expresa su respeto por el sistema judicial australiano que decidirá sobre las cuestiones que se plantean y recuerda  que el cardenal Pell ha condenado pública y repetidamente como inmorales e intolerables los actos de abusos contra menores´. ¿Con recordar se limpia la mancha?

Las cifras de abusos sexuales perpetrados por religiosos son monstruosas. La comisión investigadora australiana ha entrevistado a miles de supervivientes y escuchado las denuncias de abusos contra niños que implicarían a iglesias, orfanatos, clubes deportivos, grupos juveniles y escuelas. Según datos extraídos de la investigación y publicados en febrero, el 7% de los sacerdotes católicos habrían estado acusados de abusar de niños en Australia entre 1950 y 2010, aunque estas acusaciones nunca fueron investigadas. Alrededor de 4 444 supuestos incidentes de pedofilia fueron reportados a las autoridades eclesiásticas y, en algunas diócesis, más del 15% de los curas habrían estado implicados en ellos, según la investigación. La edad media de las víctimas, en aquel momento, era de 10 años para las niñas y de 11 para los niños. De los 1 880 supuestos autores de los abusos, el 90% eran hombres. La orden religiosa de St John of God Brothers habría sido la peor, con más del 40% de sus miembros acusados de cometer abusos.

¿Qué ha hecho la Iglesia Católica ante esta catarata de mierda? Nada, de momento recurren al tópico de esperar a la justicia y a su especialidad: lavarse las manos. En 2004, por ejemplo, proporcionaron albergue en la iglesia Santa Maria Maggiore, una de las principales basílicas de Roma, al cardenal Bernard Francis Law, máxima autoridad de la archidiócesis de Boston, cuando gracias al trabajo de unos reporteros de The Boston Globe salió a la luz otro escándalo de proporciones bíblicas: más de cinco mil casos de abusos encubiertos bajo la púrpura de su manto. La película Spotlight, ganadora del Oscar en 2016, narra la odisea que supuso desenmascarar ese nido de criminales y la feroz resistencia que opusieron las autoridades eclesiásticas para intentar acallar a testigos y periodistas sin dejar de remover sus turbias influencias políticas. Con el caso del cardenal Pell esperamos más de lo mismo.

¿Qué está haciendo el papa con esta vergüenza de escándalos de pederastia? Cuando Francisco llegó al Vaticano era muy fuerte la demanda de la comunidad católica para que, desde la máxima autoridad eclesiástica, se dejaran de proteger las prácticas pedófilas y se juzgara a sus responsables. Con este fin fue creada la Comisión para la tutela de menores que tendría en sus manos esta compleja tarea. La Comisión se creó, pero ha sido un fracaso por la falta de colaboración de la curia romana.

Un informe sumamente crítico elaborado por la ONU en 2014 denunciaba la indulgencia con la cual el Vaticano castigaba a los enjuiciados por abuso: ´La movilidad de los responsables, que ha permitido a muchos sacerdotes mantenerse en contacto con niños y continuar abusando de ellos, sigue poniendo a los menores en alto riesgo de abuso sexual en muchos países. Y eso se debe a la falta de castigo de estos delitos por parte de los jerarcas eclesiásticos. Además, los miembros involucrados deben ser expulsados de forma inmediata de la Iglesia Católica´. Pero no es así, el castigo suele ser ´mandarlos´ a un monasterio para que ´se recuperen´ de sus tendencias pedófilas ejercitándose en una vida de penitencia y oración prohibiéndoles ejercer públicamente su ministerio. Hecho que se cumple a medias y contradice las palabras pronunciadas por el papa de que con los pederastas iba a tener ´tolerancia cero´.

La realidad, el día a día del tema, nos dice que desde el nombramiento de Francisco como Papa las cosas no han cambiado mucho en el mundo eclesiástico respecto a las aberrantes prácticas de pedofilia. Es tan extensa la red de abusos y encubrimientos que van a dejando de ser suficientes los golpes de efecto mediáticos, las declaraciones enérgicas y la demagogia religiosa en cualquiera de sus formas. Hay que actuar por medio de la justicia ordinaria, y con jueces imparciales. ¿Cuándo? Me temo que con los gobernantes que tenemos el proceso será largo y poco fructífero.

En la gacetilla de mañana hablaremos de GUATEQUE EN EL VATICANO.

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