@ellibelaresc

He asistido y vivido en la imaginación a todos los oropeles y parafernalia con que la prensa borbónica ha dado solemne cuenta de la visita del Borbón y señora a la monarquía británica. ¿Con todos estos montajes qué tendrá en la cabeza la plebeya? ¿Alguna vez habría soñado tanto despilfarro en prendas de vestir y de calzar, en joyas propias y de la corona? Pero no es este el caso de la susodicha que quiero comentar hoy.

Si de mí dependiera mandaría a Letizia todas las semanas a la Gran Bretaña. ¿Habías visto, querido lector, desde que ocupa la posición o cargo que tiene en la actualidad una sonrisa más enamoradora, auténtica, encantadora y sana que la de la foto que acompaña a esta gacetilla? ¿Por qué en este país sus súbditos nos vemos negados de tanto gozo y sana alegría? ¿No te anima a hacerte monárquico solo de ver la sonrisa limpia y auténtica de ´la reina´?

Sí. Al fin hemos visto reír a nuestra reina con todos sus músculos. Aunque haya hecho esta declaración facial fuera de nuestro país (como a veces perpetran algunos políticos y futbolistas con desprecio para el patio nacional), ha sido todo un placer contemplar la felicidad en el rostro de la reina. Letizia, que tan acostumbrados nos tiene a su gesto adusto (desdeñosa y fruncida), viajó hace unos días a la Pérfida Albión y allí se ha quedado tan a gusto tirando del cigomático mayor y el menor, que son los nervios que elevan las comisuras de los labios, a la vez que del músculo orbital, el que mueve hacia arriba las mejillas. Resultado: carcajada real. ¡Eureka!

La noticia tiene su ´quid´ y seguro pasará a formar parte de los anales de la historia monárquica de las dos naciones. Todos hemos podido ver en la fotografía que introduce esta gacetilla cómo la cara de la reina de España se iluminaba de manera desacostumbrada al departir con Isabel II y su marido, Felipe de Edimburgo; con Carlos, el eterno príncipe heredero y su esposa Camilla, duquesa de Cornualles, y con el resto de la familia real británica. Una sonrisa natural, espontánea, feliz, juvenil, sincera, lejos de la sonrisa forzada, sardónica, tan habitual en el rostro nacional de nuestra reina. Lo nunca visto.

Una sonrisa que nada tenía que ver con la que hemos contemplado siempre que aparece en España en cualquier acto social o en acontecimientos históricos relevantes y recientes como la celebración de los 40 años de Democracia (el 28 de junio pasado), la apertura de la XII legislatura (el 18 de noviembre de 2016) o, incluso, la coronación de Felipe VI (el 19 de junio de 2014).

Ahora ya sabemos que sabe disfrutar de la sonrisa, y que en la City sonrió y rió, que es lo que debe hacer cuando esté en ´su reino´.

Una pregunta sin respuesta me queda, y con ella acabo: ¿Qué le ha producido a Letizia tanto gozo interior en la corte de la reina Isabel II para mostrar ese gesto, esa alegría facial, ese jolgorio en el rostro del que nos priva a los mortales españoles?

En la gacetilla de mañana hablaremos de NO QUIERO IR A LA AN.

Anuncios