@ellibelaresc

Los días previos a la declaración  en la Audiencia Nacional d Mariano estuvo preparando con sus abogados y expertos todo lo relativo a la declaración. Lo llevaba todo muy bien preparado. De memoria, como si se estuviera examinando para su oposición de registrador. Tan preparado que hasta los gestos, se supone, los tenía estudiados.

Susana Fuster es una experta en comunicación no verbal, por eso recurro a ella para escribir esta gacetilla. Como decíamos el presidente Rajoy había preparado concienzudamente su declaración. No solo el qué iba a decir sino también el cómo: sus gestos, su postura, sus movimientos, consciente de que cualquier desliz en su comunicación no verbal podía jugarle una mala pasada. Posiblemente hasta su entrada en la sala de la Audiencia Nacional había sido ensayada. Paso firme y rápido, como el que va con decisión al lugar asignado y quiere acabar cuanto antes con el mal trago. Pero la procesión iba por dentro y nada más tomar asiento observamos un primer gesto delator: Rajoy apoya los brazos en la mesa, coloca la mano izquierda encima de la derecha y se da suaves palmaditas, como diciendo para sí: ´Mariano, se fuerte´. En definitiva, gestos que en comportamiento no verbal denotan nerviosismo y en este caso cierto grado de ansiedad por comenzar su testimonio.

En la silla mantiene una postura neutral, con los brazos apoyados en la mesa y manos entrelazadas con las que ha creado una especie de barrera protectora ante las preguntas de los letrados. El pie del micrófono le ha ayudado a liberar la tensión al principio, tocando los botones y silenciando sin querer el audio, por lo que el presidente de la sala ha tenido que llamarle la atención.

Ha acompañado su mensaje con gestos ilustradores con los que reforzar su discurso y contrariamente al uso del dedo acusador (señalando con el dedo índice y denotando arrogancia) se ha servido de  ´la pinza´, dedo pulgar e índice juntos, cuando ha querido recalcar alguna palabra o punto importante de su mensaje. Ha gesticulado con las manos, en todo momento visibles, en señal de no tener nada que ocultar.

Ha controlado muy bien la primera parte de la declaración, que ha estado cargada de movimientos controlados, mirada inquisitiva, frases contundentes, poco evasivas y prosodia emocional enérgica ´lo recuerdo perfectamente´, ´en absoluto´, ´absolutamente ninguno´, ´jamás´… e incluso se ha permitido utilizar un tono burlón en algunas de sus respuestas al abogado de ADADE. Si bien es cierto que a veces al finalizar sus respuestas ante preguntas más incómodas o contestaciones fuera de tono por su parte, desviara la mirada y lanzara una sonrisa social y contenida, apretando fuertemente los labios en señal de contención.

El cambio en su comportamiento no verbal se ha producido en la segunda parte de la declaración, cuando ha respondido sobre los SMS que le envió al Sr. Bárcenas. Ante la pregunta del letrado, su lenguaje corporal ha delatado su incomodidad. Ha sido cuando inconscientemente se ha echado para atrás apoyándose en el respaldo de la silla (distanciándose de la pregunta incómoda) para inmediatamente después tocarse la solapa, responder y ejercer una mayor presión en la mandíbula -signo inequívoco de tensión-, acompañado en esta ocasión por un movimiento interno de la lengua hacia el carrillo que ha adoptado en el testigo una forma más protuberante. La tensión era evidente y su tono de voz más crispado en este y otros episodios en los que se ha mencionado, por ejemplo, al señor Correa.

Al final, tras dos horas de declaración Rajoy se ha levantado de su asiento, se ha abrochado el botón de la chaqueta y se ha marchado sin más. Llevaba la lección ensayada, también en lo que respecta a su comunicación no verbal.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA FARSA DEL MIÉRCOLES DE PASIÓN.

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