@ellibelaresc

Mariano Rajoy ha salido tan campante de la Audiencia Nacional. Su declaración roza la farsa y no esquiva el esperpento. La imagen del presidente del Gobierno entrando a escondidas en la Audiencia Nacional, declarando no a todo con arrogancia desde su pupitre especial, protegido por un juez cuartelero y más asustado incluso que el testigo, y saliendo a toda prisa de la cita para presumir ante las cámaras oficiales de estar orgulloso de haber colaborado con la Justicia y de haber sido el artífice de un Pacto de Estado contra la violencia de género valorado en 1000 millones de euros es una metáfora que resume la histórica jornada en que tocó fondo la democracia española.

Uno valora los contenidos vertidos en esta puesta en escena y concluye lo inevitable: que hay gente que no sabe nada, que se lava las manos, que no se acuerda, que está en Babia, que no vio lo que tenía delante e ignoraba lo que había en el sótano; que lleva cosas en la maleta que ha debido de meterle alguien; que no se considera responsable de lo que hagan quienes están bajo su autoridad; que se mantiene a distancia de lo que se haga en beneficio suyo; que cómo iba a suponer que sus lugartenientes desvalijaron durante años y una tras otra cualquier caja fuerte que se les pusiera a tiro, unas veces para financiar de forma  irregular al partido que preside y otras para que algunos de sus colaboradores se llenasen los bolsillos; que comanda una organización criminal, según la define uno de los jueces que investiga sus delitos, muchos de cuyos primeros espadas cometieron durante su mandato sobornos, estafas, desfalcos, evasiones de divisas y blanqueo de capitales; que es un líder a quien no sigue nadie, una cabeza visible que ni ve, ni oye y a la hora de hablar, o se calla o se va por los Cerros de Úbeda; que hace trampas, miente en campaña y promete cosas que no piensa cumplir; que se lleva el gato al agua con golpes bajos, sufraga sus campañas electorales con dinero que proviene de comisiones ilegales y que, en definitiva, no se sabe si a pesar de o gracias a todo eso, llega a presidente del Gobierno.

Para nadie es un secreto que la declaración del testigo Rajoy fue en sí misma una farsa: el presidente del partido más corrupto de Europa dijo no conocer las actividades corruptas de una trama de la que ha sido dirigente de primera línea desde hace 30 años. Adujo que en el periodo investigado, y más allá, él solo se ocupaba de los asuntos políticos, y no de los económicos o contables: como si los responsables políticos del partido hubieran sido engañados por tesoreros malvados, como si esos líderes ignoraran que el modus operandi del partido conservador ha sido, desde su nacimiento y hasta hoy mismo, financiarse ilegalmente mediante un sistema codificado de extorsión a empresas: dinero B a cambio de contratos públicos. El presidente puede declarar lo que quiera, mentir todo lo que le permiten los jueces de la Audiencia, pero lo cierto es que Rajoy es el presidente de una organización criminal que lleva años saqueando las arcas públicas, gobernando contra el interés general, amordazando la disidencia y legislando para los amigos y los cómplices. Que el PSOE y Ciudadanos (y Podemos, por inacción) permitieran a Rajoy seguir gobernando ha sido una vergüenza además de una desgracia. La comparecencia judicial del presidente el 26 de julio solo es un eslabón más en una larga cadena de mendacidades y despropósitos anunciados. ¿Podrán o querrán los representantes de la voluntad popular desalojar a este nefasto personaje del poder y comenzar a revertir el hundimiento de las instituciones exdemocráticas? Probablemente la respuesta sea negativa. Pero es la única solución a este bochornoso espectáculo, a este patético modo de tocar fondo, a esta vergonzosa manera de seguir cavando haciendo como que no pasa nada. Rajoy y los suyos deberían saber que mirando hacia otro lado te hace ignorante, pero no inocente.

Mariano Rajoy seguirá en La Moncloa. Y si las cosas se torcieran, con su manera de entender la política, no le faltará trabajo: podría ser, por ejemplo, un gran vicepresidente de Venezuela, al servicio de Maduro. Por fuera, no, pero en el fondo, son como dos gotas de agua.

En la gacetilla de mañana hablaremos de MARIANO SE VA DE VACACIONES.

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