@ellibelaresc

Cierto que la moción presentada por Podemos ha fracasado en los números, pero somos muchos los que no lo vemos así  en la realidad política. No ha conseguido el objetivo prioritario de la expulsión del Gobierno de Rajoy pero sí ha sentado las bases de lo que debe ser una negociación, ya con pactos seguros, que lo eche del Gobierno. El PP está tan feliz y contento. Desliza con la boca pequeña que ya tiene preparado el decreto de convocatoria de elecciones  generales aprovechando la ´debilidad´ del PSOE si este, Podemos y otros alcanzan los acuerdos suficientes para echarle del poder.

Echar a Rajoy de la Moncloa es la prioridad y en esto debe la izquierda olvidarse de chorradas e ir al grano. Luego ya se verá, una vez cumplido el objetivo. Y si no, que Rajoy convoque elecciones. Veremos también qué iba a pasar, porque la gente, incluso los suyos y los del cantamañanas Rivera, está muy, pero que muy cabreada.

El ambiente que respiramos es insoportable, con un agravante muy serio: hablamos tantas veces y tan a menudo de corrupción del PP que el tema, por su frecuencia, deja muchas veces de tener sentido porque se adormece. La repetición nos y les inmuniza, y en ello está su victoria. Porque lo saben. El nivel de corrupción política protagonizada por el Partido Popular no tiene parangón con ningún otro país desarrollado. Corrupción que cuenta entre sus filas con cientos de altos cargos condenados por corrupción. En un número tal que es ya tan inabarcable como el de las cifras del hambre en el mundo o la pobreza. En una frecuencia tal que ya no se puede hablar de eventos concretos sino de un único evento repetido infinitamente: en algo puramente numérico.

Los medios de comunicación del poder, los creadores de opinión, los partidos políticos del régimen, convierten la inacabable sucesión de escándalos de corrupción del PP en ´nuevos casos´. Nuevos casos que tienen la capacidad en sí mismos de hacer olvidar los anteriores. La Púnica hace que abandonemos a Rita Barberá; Gurtel desvía la atención sobre Camps y, a su vez, los corruptos de mañana tenderán un manto de olvido sobre los ladrones de hoy. De hecho, parece incluso que, de algún modo, la coincidencia temporal de varios casos de corrupción no solo no hace que los vivamos como algo más insufrible sino que genera el suficiente ruido informativo como para que se enmarañen y creen más confusión que hartura. Para que se vuelvan solo números.

Esta es la denuncia que quiero hacer en la gacetilla de hoy: conformarnos con lo que hay, bajar los brazos, pensar que las cosas son así y punto, no darle más vueltas al tema. Dar por hecho que es normal que nos roben, que nos gobierne una organización criminal dedicada al saqueo, del mismo modo que nos acostumbramos a que se derritan los polos, a que se extingan algunos bichos y a que haya niños que mueran de inanición. ¿Por qué cambiar las cosas si el sistema funciona, dicen los corruptos? Palabras como ´indecencia´, ´intolerable´, ´indignante´, ´vergonzoso´  las repetimos tantas veces que dejan de tener sentido. Y esto el PP lo sabe. Sabe dejar pasar la tormenta y aprovecharse de una bonanza. Hay que reaccionar.

Una situación tan excepcional de descrédito de las instituciones y gobierno del crimen organizado requiere igualmente de un posicionamiento nítido excepcional. La oportunidad fallida era la moción de censura; que digan lo que digan ciertos políticos hizo su pupa y provocó grandes cabreos. Por eso si la moción de censura ha despertado tales reacciones de enfado, desprecio y hostilidad (si es tan inútil, ¿por qué jode tanto?) es porque, llevada a cabo en el lugar sacrosanto del poder, se presentó, aunque no lo quieran reconocer, como una moción de descrédito de las instituciones y gobierno del crimen organizado. Por eso no importó que la moción no triunfara. Su utilidad no fue solo censurar sino expresar un imperativo moral que nos obliga a decir: ´Hasta aquí hemos llegado´. Y romper ese ciclo eterno de escándalos-quejas-más escándalos-más quejas que en nada modifica la realidad.

Pero vista la utilidad de la experiencia ahora sí que pueden darse los medios y las condiciones para que a la segunda sea la vencida. Lo confirman los últimos resultados del CIS. Y yo creo que Sánchez y Pablo Iglesias lo van a intentar. Los dos políticos y otros necesarios tendrán que aparcar diferencias y agarrarse a lo que les une: el tratar de impedir, con un gesto extraordinario, la normalización de la vileza. Marcar una ruptura entre lo tolerable y lo intolerable.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA AVIONETA HOBus.

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